Como jugador una de las cosas que mas me cuestan es sentirme a gusto con mi PJ. Y es cierto que la mayor parte de juegos que hacemos dejan un poco de lado la parte psicólogica, las motivaciones y la reacción del Pj para con el mundo que le rodea. Por eso, he confeccionado esta ficha que, a modo de cuestionario, nos sirve para definir como va a pensar el tipo que vayamos a jugar.

Con un poco del enfoque del clásico alineamiento de D&D, mezclado con los impulsos del bizarramente genial Unknown Armies y pos supuesto un poco de sal y pimienta de la casa.

Espero os sea de utilidad. Podéis descargarla aqui.

La ambientación musical en mesa, se ha convertido, en mi caso, en algo imprescindible, que ayuda a encontrar el tono de juego. Lo complicado a veces es dar con las referencias adecuadas para cada setting. Aqui os va una selección de lo que estoy utilizando, o pienso pinchar en el futuro, en las partidas de Negacity. Porque no siempre podemos pinchar la OST de Conan…

Enjoy!

http://www.youtube.com/watch?v=Eb1wD4Suih4

http://www.youtube.com/watch?v=M5AX0NSnQQc

Uno de nuestros más insignes jugadores y Dj, Juan (JRVG), se ha hecho para su campaña de Embelyon, que esperemos tenga a bien cerrar en breve, una extensa cronología histórica de la ambientación. Además de proporcionarle coherencia y solidez al asunto, puede servir para entresacar posibles orígenes de aventuras y tramas.
En su línea habitual, de enfermedad y rígor, Juan tambien ha  desarrollado con detalle el ducado de Veltard. Llegando incluso a crear (y cocinar) una receta típica de allí!
A ver si le liamos para poder ir embutiendo por aqui toda esa información de trasfondo.

ACTUALIZADO: A petición popular, versión en PDF aumentada y mejorada.

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“Negacity: To have the arrogance to say certain things that distress individuals or groups, such as racial slurs, insults, e.t.c.” From the Urban Dictionary.

Lo prometido es deuda, así que vamos al lío.

Negacity es el microjuego que estoy dirigiendo actualmente. La idea inicial era jugar a algo relacionado con Warhammer 40K (estoy enamorado de Dan Abnett, aunque de eso ya hablaré otro día) pero algunos de mis jugadores tenían ciertos resquemores hacia el tenebroso y fascista cuadragésimo primer milenio. Así que cogí lo que tenía trabajado de reglas, una simplificación de los magníficos juegos de FFG y lo arrejunté con los esbozos de una ambientación con la que había estado tonteando hace meses.

Y este es el resultado. Un juego bastante absurdo y excesivo que, por una parte mezcla todos los tópicos del género de acción urbano contemporáneo y por otra intenta servir de mecanismo para evidenciar las paradojas más o menos dramáticas de la maravillosa vida moderna.

Como decía, ahora mismo estoy dirigiendo una pequeña campaña, construída a base de episodios sencillos que iré publicando a modo de posts en el blog de  la S.D.C. La premisa es sencilla, los Pjs son un equipo de periodistas (reportero, guardaespaldas, fotógrafo y paramédico) que armados hasta los dientes exploran, en busca de noticias el Londres del 2073 (Visionado y lectura obligada de Max Headroom, DMZ…).

Se me había olvidado un detalle, un artefacto de 6 kilómetros, una especie de roca voladora gigante, con una abertura de 2 kilómetros en su parte inferior, flota sobre la ciudad desde 2005. Esta anomalía, conocida como el Ojo de Dios, no solo ha supuesto un suceso de consecuencias incalculables en lo social y lo cultural. Tambien está mutando a la población, a la fauna y al propio entorno. Como lo hace y por qué, nadie tiene ni idea… aún!

Lo dicho, reglas de percentiles sencillas y adaptables, acción descerebrada y humor negro. Tan negro com lo que esconde el “Ojo de Dios”… el ojete malignoooooO!

Como siempre, a quien le interese, lo tiene disponible en la sección de descargas. No hay edición física como en el caso de Embelyon, pero cuando esté testeado, me imagino que lo subiremos a Lulu. Al final os dejo unas fotos, de la impresión de la maqueta de corrección, que usamos para jugar.

P.D: A los de la policia ortográfica. Tras servir cumpliendo una pena de dos años y un día de cuadernitos Rubio, he intentado mejorar en ese aspecto. Con la inestimable ayuda de Roberto (al que no he querido de todos modos molestar demasiado pues está trabajando en su Midnord) y de Tribal, uno de nuestros mas insigenes representantes de la línea dura. Muchas gracias chavales.

De todos modos, la responsabilidad del grueso de las burradas siempre será mía, tengo dedos choriceros chavales, y puntúo fatal los textos, que se le va a hacer…

Así me imagino que parece estar nuestra pequeña factoría de mini juegos. Pero no cantéis victoria. Aún no os librareis de nuestros textos plagados de erratas y orcos/motoristas. En breve empezará a rezumar mas basura por aqui, la cual esperamos que disfrutéis tanto como nosotros. Estáis avisados.

Un adelanto o mas bien una amenaza… :P

- ¿Afirma usted que la fauna nativa no sólo presentó oposición sino que sus acciones respondían a una estrategia de combate planificada y deliberada? – la voz metalizada surgía de la pantalla negra de la sala de informes de batalla. Diagramas estadísticos parpadeaban fugazmente en ella para luego desaparecer.

- Sí -respondió secamente Cheikh.

- El seguimiento orbital de la incursión muestra irregularidades en el planteamiento táctico, -continuó la voz- su pelotón tuvo un rendimiento deficiente. Esperamos una mejora sustancial en la próxima misión o volverán al campo de instrucción.

- ¿Rendimiento deficiente? ¿Pero qué cojones…? – estalló.

- Eso es todo por ahora. Deberá acudir al departamento médico para una reevaluación. Su tiempo de descanso queda revocado. Buenos días soldado, puede retirarse. -con un chasquido la pantalla enmudeció.

Ortega se levantó y dio una patada a la puerta corredera de cristal, que vibró peligrosamente mientras se deslizaba para dejarle pasar. Maldiciendo para sus adentros en todos los idiomas que conocía, buscó los ascensores. Iría a ver a aquellos matasanos cuanto antes y se tomaría su descanso, no tenía ninguna duda. Que intentasen impedírselo.

Después de recorrer un par de tramos de pasillos blancos y asépticos, localizó el lugar que buscaba. Gerk, Tennant y los demás necesitaban un buen parcheo así que estarían allí dentro en las cubas, aunque dudaba de que le dejasen verlos. Los ingenieros médicos miraban a los soldados con desconfianza y temor mal disimulado, como si fuesen bestias domesticadas a duras penas. Quizá se creyesen muy importantes detrás de sus visores transparentes y sus pulcros uniformes. En el barro de las trincheras se les bajarían rápidamente los humos.

El identificador biométrico le escaneó de arriba a abajo y abrió las puertas, recordándole que su pase tenía sólo una validez temporal. La estancia era amplia y estaba casi vacía a excepción de un técnico que estudiaba una consola con monitores de vigilancia. En el suelo estaban pintadas una serie de rutas en diferentes colores, identificadas con caracteres que no comprendió. Las líneas se perdían por otros tantos pasillos. No había demasiada actividad, algo raro después de un combate, pensó. Quizá aquella no fuesen las dependencias médicas correctas. Una doctora alta y delgada se le aproximó. Era vereliana y debía ser muy joven, aunque con la máscara osmótica era difícil precisarlo. Apretaba sus hojas de datos contra su pecho, como escudándose de él, y evitaba mirarle directamente.

- Soldado Ortega, mi nombre es Hekla, el doctor le espera en la Sala 3 -le dijo, haciendo un gesto con la mano para que le acompañase.

Cheikh frunció el ceño y observó una vez más la sala vacía, pero no dijo nada. Caminaron por el laberíntico complejo, sin ceñirse a ninguna ruta establecida, o eso le pareció. De vez en cuando los ventanales al exterior le permitían ver parte de la colosal estructura de la estación espacial, con el planeta refulgiendo en verde y azul bajo ella. En otras ocasiones cruzaban junto a miradores acristalados de lo que parecían ser quirófanos, pero antes de que pudiese siquiera acercarse a echar un vistazo la doctora tecleaba en el control de su muñeca y se volvían opacos.

Llegaron a una puerta marcada con un 3 en varias grafías. En el interior de la estancia aguardaba un sillón modular, configurado en modo humano. El ingeniero médico llegaría enseguida, dijo ella, dejándole a solas. No había instrumental a la vista, lo que le produjo más inquietud que encontrarse un juego de herramientas de carnicero bien ordenado. Se recostó y miró hacia el techo. Las luces le hacían daño en los ojos, así que los cerró y esperó. Un sonido familiar se aproximaba, una especie de zumbido, junto a una presión en las sientes que ya había sentido antes ¿pero cuándo? Y aquel tirón de la gravedad, como si cayese en sueños…

Notó una mano posarse sobre su brazo y abrió los ojos, sobresaltado. Se encontraba de nuevo en la sala con los monitores de vigilancia y Hekla estaba a su lado, sujetándole indecisa a la altura del codo, manteniéndole en pie.

- Gracias por su colaboración, le llamaremos si necesitamos algo más -dijo mientras le conducía al exterior.

Las puertas se cerraron y Ortega miró confuso la doble hoja como esperando que ocurriese algo más. Después de unos segundos renunció a entender qué había ocurrido y puso rumbo a los barracones. Quizá el estres de la batalla empezaba a hacer mella en él.

* * *

- ¿Y bien? -dijo la voz sintentizada desde la penumbra.

- El inhibidor funciona correctamente, hay una ligera regeneración del tejido neuronal pero nada particularmente anormal. La memoria del sujeto sigue en el punto de bloqueo establecido – dijo Hekla.

- ¿Ha descubierto a qué se debe su comportamiento reciente? -continuó su interlocutor. Una sombra alta y cilíndrica comenzó a desplazarse hacia la zona iluminada.

- Su iniciativa y su valor en combate parecen fragmentos residuales de su personalidad anterior -respondió ella- nada que deba preocuparnos.

- Excelente -Hekla pudo ver el brillo del tanque y las suaves ondas del líquido en su interior. Dentro la medusa agitaba lánguidamente sus tentáculos, tocando controles aquí y allá para controlar los repulsores. – Apto para el servicio, siguiente caso.

Continuará…

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Cheikh sabía que había acabado en el pelotón de castigo debido a una acusación de espionaje, pero no tenía forma de comprobar si era cierto. Los precisos cortes de la sonda neuronal y el inhibidor implantado en su lóbulo temporal impedían que escudriñase más allá de su llegada al campamento de instrucción. Si intentaba ahondar en su pasado, sólo encontraba un terrible muro blanco y un sonido como de estática, como si alguien hubiese sintonizado su mente en un canal de holovisión vacío. No es que le preocupase demasiado porque no había tenido tiempo de pensar en ello.

La maltrecha nave de desembarco daba tumbos entre las turbulencias mientras trepaba entre las nubes e intentaba alinearse para la recogida. En los pocos minutos que había permanecido suspendida sobre la jungla, varias de aquellas cosas se habían encaramado a su fuselaje, arañándolo y enroscándose a su alrededor hasta que el metal había crujido lastimeramente. Por suerte el piloto había reaccionado activando el campo eléctrico, lo que había hecho retroceder a los escamosos de un salto.

En cuanto alcanzasen una órbita baja se acoplarían al Arquero, una plataforma que servía de enlace con la estación de mando, desde donde los consejeros corporativos dirigían aquella ofensiva. “Limpieza selectiva de territorio colonizable” era la denominación oficial de aquella incursión. Su pelotón era uno de tantos que subían, eran parcheados y volvían a bajar en un punto diferente de la jungla. Si bajo el follaje había oro, platino o iridio, a él no le importaba. Sólo quería pasar sus tres días de descanso en la estación, durmiendo en un catre de verdad y no en esos sacos verticales del Arquero. O peor, abajo en el barro, empotrado en su armadura y con los monitores siempre alerta, listos para inyectarle una dosis de adrenalina y hacerle salir corriendo.

En la parte trasera de la nave, Gerk y Tennant tenían peor aspecto que todos ellos juntos. Estaban aislados en las cápsulas de soporte vital, pero con el material que tenían a bordo sólo podían estabilizarles y confiar en que el quirófano robotizado estuviese libre cuando llegaran. Gerk era un hunk veterano, de los más grandes que había visto, con tantas cicatrices que parecía que había nacido peleando. Varios cortes profundos surcaban su pecho y en algunas de las heridas todavía se veían afiladas espinas incrustadas, pero si alguien tenía oportunidades de sobrevivir era él. Tennant era un humano de pelo rapado, pálido y flacucho, que no aparentaba más de veinte años. Su juventud resultaba aún más evidente al verle junto a su compañero de batalla. Las serpientes les habían dado bien. Cheikh no había visto mas que el final de todo aquel desastre, que comenzó cuando el pelotón quedó partido por varios ataques de distracción.

- Los de asalto tienen armaduras blindadas -graznó un novato al fondo del transporte- ¡y les inyectan nanomáquinas antes de lanzarles al combate! Esos bichos les cosen si resultan heridos y…

- Cierra la bocaza, pisafango -le cortó un vereliano que intentaba dormir desde hacía un rato. Cheikh le reconoció, su nombre resultaba demasiado largo en batalla y todos le llamaban Kurt. Pese a que aparentaba fragilidad, como todos los de su raza, era de los pocos que siempre volvían enteros.

- Deja en paz al chico, Kurt -dijo alguien de su fila. La computadora todavía no había aflojado los arneses y no podía girarse para mirar quién hablaba.- ¿Tú como lo has visto, Ortega?

- Mal de cojones -respondió, haciendo reír a todos y aliviando la tensión por un momento- el informe era una cagada. Esos bichos sabían muy bien lo que hacían.

Mientras un murmullo de aprobación se extendía por el pelotón, acompañado de una buena sarta de maldiciones, Cheikh cerró los ojos y trató de recordar.

Continuará…

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El soldado Cheikh Li Ortega se acurrucó en el cráter humeante sujetando con fuerza su fusil de agujas mientras se concentraba en respirar más lentamente, tal y como le habían enseñado. A su alrededor atronaban el aire los estampidos de las granadas de plasma, seguidos del sonoro crujido de árboles partiéndose y desplomándose contra la tierra húmeda. En el visor táctico los continuos fogonazos y el baile de información tampoco auguraban nada bueno. Su pelotón se había encontrado con una bolsa de resistencia inesperada y los triángulos azules que indicaban a sus compañeros, cien metros más allá, pasaban rápidamente del amarillo al rojo a medida que eran diezmados por el enemigo. Habían perdido los sensores remotos y no tenía ni audio ni vídeo del combate.

Aprovechó una pausa en el bombardeo para levantarse y correr hacia el sonido de disparos. La armadura cerámica pesaba y le oprimía el pecho, pero olvidó los latidos de su corazón y apretó el paso. Rápido e impredecible, le había dicho el sargento. Armó el rifle, que se iluminó en verde con un zumbido y cargó a través del humo. Siluetas serpentinas de varios metros de alto se alzaron frente a él, siseando. Disparó al bulto y rodó hacia un lado dejando el dedo sobre el gatillo. Una ráfaga de dardos de tungsteno voló hacia las criaturas, arrancándoles un quejido ronco. Rodó de nuevo y gateó tras un montón de escombros. Los restos del pelotón 157 se refugiaban tras unas ruinas que no estaban en el mapa táctico. Se arrastraba sobre un charco de sangre, demasiada sangre. Los nativos estaban clasificados como animales, sin armamento, sin capacidad de respuesta, sin posibilidades frente a una tropa entrenada, o al menos eso decía el informe que les habían pasado. Tendría más que palabras con el oficial de Inteligencia cuando saliese de aquella maldita jungla.

Continuará…

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Ilustrador: Luis Miguez

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Con motivo de la mini-campaña de Baraka que comenzamos hace poco escribí una introducción para el grupo, un breve texto que combina material original y extractos del manual. Creo puede servir de primera toma de contacto  para todos aquellos que quieran conocer este universo de juego, nuestra próxima aventura editorial:

En el estrecho callejón los neones parpadeaban en un bucle interminable, congelando la escena con fogonazos de luz blanca cada pocos segundos. Parecía imposible que la lluvia se colase hasta allí, eludiendo el laberinto de cristal, acero y plástico de los pisos superiores. Incluso el rumor de los taxis gravitatorios llegaba atenuado. Alguien había dejado un holoproyector encendido en uno de los cubículos y el sonido demasiado alto de una vieja grabación se distorsionaba en una cantinela martilleante. Empapado, sujetó el revolver con fuerza, reconfortado por la familiar vibración que le indicaba que el acelerador funcionaba a plena potencia. Tan solo quedaban dos proyectiles en el tambor, puntas de titanio con camisa de tungsteno, el mayor calibre que alguien podría disparar sin romperse el brazo. Pero quizá no fuese suficiente.

Varios pares de ojos le siguieron desde ventanas y rincones mientras avanzaba, apoyando el pie con delicadeza a cada paso, esquivando hasta los más pequeños fragmentos de cristal desperdigados por el suelo. De improviso una puerta lateral se abrió y un hombre corpulento con una camiseta sucia apareció en el umbral, maldijo en chino-alemán, escupió y empujó fuera a un vereliano borracho. Esos escasos segundos sirvieron a la criatura oculta al final del pasillo para erguirse y cruzar de un salto la distancia que les separaba. Con un siseo y un sordo rugido la tuvieron encima, una pesadilla de espolones, placas quitinosas y mandíbulas de tiburón. El primer disparo se desvió y provocó una lluvia de chispas al chocar un andamio, el segundo salió del cañón cuando la bestia ocupaba ya todo su campo de vision…

Qué es Baraka
Alienígenas de formas y costumbres que superan la comprensión humana, naves de kilómetros de largo con capacidad de saltar entre las estrellas, estaciones orbitales unidas a tierra por gigantescos cables, conspiraciones de escala multi-planetaria, intrigas en los callejones tecnificados de una oscura megalópolis, miles de mundos por descubrir… todo eso y mucho más es Baraka. La mayor aglomeración de razas y culturas llegadas de todas partes de la galaxia espera a aquellos que se atrevan a explorarla. (…)

EL NEXO: Encrucijada de mil soles
A la franja del espacio en la que se cruzan las principales líneas de tránsito de la Vía Láctea se la conoce como el Nexo. Su posición estratégica entre varios sistemas habitados y la cercanía de un cinturón de asteroides rico en minerales lo han convertido en un crisol de razas y culturas, el sueño de todo aquel que mira a las estrellas y sueña con surcarlas. Los viejos pilotos cuentan a sus hijos anécdotas sobre el lugar, siempre lleno de peligros y oportunidades.

Nadie sabe qué especie poblaba originalmente la zona, porque desde hace cientos o quizá miles de años comerciantes, diplomáticos, expatriados y viajeros que simplemente están de paso hacen un alto allí, ya sea en los planetas terraformados o en una de las numerosas estaciones orbitales de recreo. Muchas razas alienígenas poseen la tecnología para no tener que detenerse en el Nexo en sus viajes, pero lo siguen haciendo por tradición o porque es el mejor lugar para conseguir información, mercancías exóticas o simple diversión. (…)

La vida en Nexus Zero
Nexus Zero es la estación principal del cuadrante, con unas dimensiones que superan lo humanamente concebible. Se construyó en forma de discos superpuestos que van ensanchándose y albergan desde zonas de atraque a hábitats completos en los que los visitantes de las razas mayores -cristalinos, cyaneas, protoplasmas y arquitectos- pueden establecerse por largos periodos de tiempo. (…)

La estación está unida al planeta M-858 “Talos” por cuatro cables-torre que hacen las veces de raíles para otros tantos ascensores espaciales. El viaje dura poco más de una hora y el tránsito tanto de personas como de mercancías es constante y fluido.

Kaddira, la flor oscura
La ciudad se extiende a los pies de las torres como las negras raíces de una planta que asomase de la superficie del planeta. Los rascacielos de la zona centro, recubiertos de flexicristal, antenas de comunicaciones y luces de neón, y habitados por técnicos e ingenieros que esperan su ascenso a la estación, contrastan con el abigarrado desorden arquitectónico de los barrios periféricos. Allí las razas menores se apiñan tratando de buscarse la vida de la mejor forma posible, trasladando mucho de su cultura y sus costumbres en el proceso. La política de integración del Supraconsejo no ha logrado evitar que se formen guetos con diferencias muy marcadas en los que la convivencia a veces es difícil. (…)

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